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domingo, 3 de mayo de 2009

La punta del iceberg

Porque una imagen vale más que mil palabras
Porque el leit-motiv de este blog sigue siendo África
Porque sí tienen motivos, y es nuestra culpa
Porque me vino hoy a la mente este póster que tenía Oier en casa


Viñeta de "El Roto"

lunes, 2 de marzo de 2009

Música para nostálgicos

El otro día me dio por revivir una de las facetas de mi estancia en Dakar: escuchar Radio France International, y hete aquí que pusieron una canción que no había escuchado nunca, aunque por lo visto sonó mucho en Francia, y que me encantó: Ulysse, de Ridan. Muy a propósito, además, con la temática predominante del este blog. Todo aquel que haya pasado tiempo lejos de su casa, se sentirá, de algún modo, identificado. Aquí la podéis escuchar vía Goear, en YouTube podéis ver el vídeo (enlace al final), que es chulísimo, pero no lo he podido incrustar. También os dejo la letra traducida y un enlace a la original, en francés.




Letra traducida
Feliz que, como Ulilises, ha tenido un buen viaje,
O como aquel que ha conquistado el Vellocino,
Y después ha regresado, lleno de uso y razón,
A vivir entre sus semejantes por el resto de su vida!

Cuando volveré a ver, ¡ay!, de mi pequeño pueblo,
Brotar humo la chimenea y en qué estación?
Cuando volveré a ver de mi pequeño pueblo,
Brotar humo la chimenea y en qué estación?
Cuando volveré a ver?
Cuando volveré a ver?

Volveré a ver el cerrado de mi pobre casa
que para mí es una provincia, y mucho más?
Me gusta más la sala construida por mis antepasados
Que los palacios romanos de fachada audaz,
Más que el duro mármol me gusta la pizarra fina,
Más mi Loira Galo que el Tíber latín,
Más mi pequeño Liré que el monte Palatín,
Y más que el aire marino la dulcura angevina.

Cuando volveré a ver de mi pequeño pueblo,
Brotar humo la chimenea y en qué estación?
Cuando volveré a ver?
Cuando volveré a ver?

He cruzado los mares con la fuerza de mis brazos
Solo contra los dioses, perdido en las mareas
Atrincherado en una cala, y mis tímpanos perforados,
Para nunca más oír las sirenas y sus voces.
Nuestras vidas son una guerra en la que depende de nosotros
Confiar en nuestra suerte, dar con la elección acertada,
De fiarnos de nuestros pasos, y de toda esta agua que duerme,
Que ensucia nuestros caminos, dicho sea, pavimentados de oro.

Cuando volveré a ver de mi pequeño pueblo,
Brotar humo la chimenea y en qué estación?
Cuando volveré a ver?
Cuando volveré a ver?
Cuando volveré a ver?
Cuando volveré a ver?
Cuando volveré a ver?



Enlaces externos
Ver el videoclip en You Tube
Letra en Francés

domingo, 8 de febrero de 2009

Dakar según Nettie

Nunca vi la película El color púrpura. El libro lo había leído hace años, y recordaba que me había gustado, pero no gran cosa sobre la historia en sí. Lo releí hace como un mes, siguiendo un impulso poco habitual en mí, que casi nunca repito lecturas. Y esta vez no sólo me encantó, sino que me llegó a ese sitio profundo a donde sólo algunos pocos libros te llegan a lo largo de tu vida. La sensación fue increíble, es una lástima lo poco probable que es que cualquiera que lo lea siguiendo mi consejo vaya a sentir lo mismo. Un libro nunca es lo mismo leído por dos personas distintas, ni siquiera por la misma persona en dos momentos diferentes de su vida.

Y dicho esto, lo que quería poner aquí es una transcripción de un texto: la descripción de Dakar, o mejor dicho, de los negros de Dakar, que hace Nettie, la hermana de la protagonista, en una carta a ésta.

La capital de Senegal es Dakar, y allí la gente habla su propia lengua, que supongo que lo llaman senegalés, y francés. Nunca había visto gente tan negra, Celie. Son negros como como esos que te hacen decir: "fulano, de tan negro, es azul". Y brillan, de puro negros. Como dice la gente de nuestra tierra, Celie, trata de imaginar toda una ciudad llena de negros azulados, con trajes azul eléctrico con dibujos como los de las colchas. Altos, delgados, de cuello largo y espalda recta. ¿Te haces una idea, Celie? Y es que me parecía que estaba viendo negros por primera vez en mi vida. Y es algo fantástico. Porque el negro es tan negro que hace que se te nuble la vista. Y ese brillo, luminoso como de luna, parece fosforescente incluso a la luz del sol.
Pero, en realidad, los senegaleses que vi en el mercado no me gustaron. Sólo les interesaba la venta de su mercancía. Si no les comprabas se desentendían de ti como de los franceses blancos que viven aquí. No sé por qué yo no esperaba ver blancos en África, pero los hay a bandadas. Y no todos son misioneros.

Hale, ahí queda eso. A quererse unos a otros y hasta el próximo post.