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lunes, 22 de septiembre de 2008

6 años del naufragio del Joola

Este post es muuuy largo. Puedes escucharlo mientras haces otra cosa haciendo clic en "Escucha este post", ahí abajo (pero la foto no te la pierdas).

¿Os acordais del pensamiento africano del otro día? Me había equivocado de autor, lo acabo de corregir. Era Boubacar Boris Diop. Es que la verdad que no he tenido tiempo de hacerme mucho con la cultura senegalesa, tened en cuenta que aprendí el francés aquí y que hasta hace sólo tres o cuatro meses no era capaz de leer en condiciones (es decir, podía descifrar un escrito, pero era un trabajo tedioso y nada agradable). Pues nada que, aunque no le he descubierto mucho todavía, me parece muy interesante este autor, muy "cañero", como diría Vicens, el amigo pirenaico que se acaba de marchar (hasta siempre, compañero, nos vemos en los bares). He visto en la wikipedia que ha escrito sobre cosas bastante peliagudas, como lo que pasa la frontera entre Maruecos y Ceuta y Melilla, las masacres de Ruanda, etc. El otro día, en el aeropuerto, mientras esperaba a Anabel, me compré uno de sus libros, "El caballero y su sombra", todavía no lo leí, pero seguro que os acabaré hablando de él.

Curiosamente, el otro día encontré un artículo escrito por él sobre el naufragio del Joola, el barco que antiguamente hacía la ruta Dakar-Casamance, que se hundió en 2002 con la muerte de más de 1500 personas (la cifra exacta es desconocida), en una de las más grandes catástrofes marítimas de la historia, y también una de las más ignoradas, me parece. Dejé (programada) para hoy la entrada porque justo hoy se cumplen 6 años de tan nefasto suceso. Traduzco:



Carta a un amigo sobre el naufragio del "Joola"
Desde finales del mes de septiembre de 2002, recibimos de todas partes mensajes de simpatía. Me han llegado de muy cerca, como la tuya, pero también de Trinidad y de Atenas. Me gustaría, a través de ti, Diadié, responder a amigos como Yanne y Beata, Louis, Noémie y Zohra. Tú has sabido encontrar palabras emotivas para hablar de nuestra tragedia del pasado 26 de septiembre. Me pregunto sin embargo qué puede haber quedado de eso pasadas varias semanas, en el espíritu de un extrangero. Nuestra época es así: a fuerza de escuchar a desconocidos gemir sobre los escombros, muy lejos de nuestros hogares, ya no nos detenemos. Recuerda: concebido para 550 pasajeros, el barco Joola que enlazaba Ziguinchor, en Casamance, y Dakar transportaba a 1220. O puede que incluso cerca de 2000, según informaciones de prensa no desmentidas. Hubo 65 supervivientes. Los cálculos pueden hacerse rápidamente, a partir de estos datos, pero nadie quiere arriesgarse. Más que un secreto de Estado, el número de víctimas del naufragio es un tabú.

Un pequeño fragmento de frase en tu carta me ha hecho sonreir de disgusto e irritación. En efecto escribes: "Yo pensaba que eso podría ocurrir en cualqueir parte de África, salvo en Senegal". Es que has, sin quererlo, retorcido el cuchillo en la herida. También para nosotros, estas cosas no podían ocurrir más que a los demás. La modestina nunca nos ha sofocado. Si el despertar ha sido brutal, es porque nosotros nos hemos dejado acunar demasiado tiempo por nuestro delirio de grandeza.

Así, el 19 de marzo de 2000, no sólo le pedimos al anciano presidente Abdou Diouf que se dejase vencer por las buenas. También le exigimos que aceptase su derrota con estilo. Diouf se prestó con nobleza a ese juego cruel. Su famosa llamada de teléfono a Abdoulaye Wade, el ganador, valía más por una cierta postura democrática que por su contenido. Nos permitió decirle al mundo: ¡mirad qué guays somos, nosotros los Senegaleses!

Menos de un año más tarde, los funerales de Leopold Sedar Senghor atrajeron una vez más la atención sobre nostros de una forma muy aduladora: todos se acordaban entonces de que nuestro país, decidamente inclasificable, había tenido por primer presidente a un intelectual de primer orden, incluso aunque su acción política siga controvertida. Y se evocó igualmente con respeto su abandono voluntario del poder.

Es necesario recordártelo? Nada nos hizo perder tanto la cabeza que nuestros éxitos deportivos en Asia, en junio de 2002: el partido de apertura de un Mundial de fútbol tiene algo de un poco anormal. Sin embargo, en cierto sentido, aparte de la competición, es en la propia esencia. Es ante todo un duelo, un combate singular. Bajo los ojos de todo el planeta, tomamos nuestra revancha sobre el antiguo colonizador. Y con las victorias, lanzamos cada amanecer largos gritos de alegría. El nuevo presidente nos había prometido felicidad. ¿No era el futuro el que nos cantaba?

Eran tiempos verdaderamente fastuosos para todas las quimeras. Jamás un país pobre ha sido tan rico en aeropuertos, autopistas transcontinentales, universidades de futuro y otros ranchos californianos. Sólo había un pequeño problema: todas estas realizaciones eran imaginarias. Con el impulso del Mundial de fútbol, ya nada debía resistirse a nuestra voluntad de avanzar. Cuando los pequeños "tocacojones" se meten a hablar de hambre, vienen especialistas de Marruecos a cerrarles el pico. Se nos ha hecho soñar, apoyados con eruditos esquemas, en lluvias artificiales. Y como el país real carecía de agua, la televisión desencadenó, con imágenes de archivo, furiosas tormentas tropicales.

Nadie era tonto, pero el sistema funcionaba de maravilla. Nosotros siempre creímos que podríamos escapar, de forma más o menos mágica, a lo peor. El drama del Joola a sido un brutal jarro de agua fría a estas ensoñaciones absurdas. Comenzamos, querido Diadié, a preguntarnos si por gusto al cambio, no habíamos confiado el poder a manos peligrosamente inexpertas. En lugar de las obras prometidas, el régimen de Wade no sabía más que construir en secreto cementerios de fortuna entre Dakar, Ziguinchor y Banjul. Nosotros lo veíamos pasmados gestionar, no nuevos empleos, sino centenas de cadáveres tirados sin tino en contenedores. Jamás la distancia entre nuestros fantasmas y la realidad nos ha parecido tan humillante y difícil de soportar.

¿Y qué decir de los errores que nos han impedido salvar tantas vidas? El naufragio tuvo lugar a las 23:00h en una zona castigada desde hace veinte años por la rebelión del Movimiento de las Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC). Hasta las 8 de la mañana, ninguna autoridad civil ni militar pudo ser contactada. Es cierto que el ministro de pesca había sido informado por la noche.
Et que dire des errements qui ont empêché de sauver tant de vies ? Le naufrage a eu lieu à 23 heures dans une zone où sévit depuis vingt ans la rébellion du Mouvement des forces démocratiques de Casamance (MFDC). Jusqu’à 8 heures du matin, aucune autorité civile ou militaire n’a pu être contactée. Il est vrai que le ministre de la pêche a été informé dans la nuit. ¡Admitió cínicamente que no había podido hacer nada porque no tenía el número de móvil de su colega de transportes! El no lo dijo, pero se supo que se había quedado dormido, cosa muy humana. Para una situación que no hace ninguna gracia, hemos rozado el ridículo.

La armada fue agobiada por la opinión con críticas de peculiar violencia. En Senegal, el hecho es tan nuevo que merece reflexión. Siempre habíamos tenido el mayor de los respetos por una armada que jamás había disputado el poder a los civiles. La catástrofe a puesto en evidencia preocupantes carencias en este sentido. Sobre todo ha empañado la reputación de profesionalismo que le valió estar en todas las misiones de paz de la ONU y de la Organización de la Unidad Africana. En una noche, la dejadez ha hecho más muertos que los años de rebelión. El Colectivo de familias de las víctimas exige la destitución del jefe de estado mayor general de las armadas.

El presidente Abdoulaye Wade admitió muy pronto que el naufragio no había sido un accidente. En lugar de incriminar a los elementos naturales, ha decidido cogernos a contrapié. Permíteme que resuma libremente sus propósitos, sin ningún miedo a deformarlos. "Sois codiciosos y vanos, nos tirado a la cara, no tenéis respeto por la vida de los demás, ¡vergüenza de vosotros que tanto os gusta engañar!". ¿Y tú le crees, viejo amigo? Nosotros, a pesar del dolor y la rabia, nos hemos estremecido intensamente de júbilo. No sé si la expresión tiene sentido, pero quiero llamarle a eso antipopulismo. Nosotros queríamos ser tratados con dureza, y un presidente atento a nuestros más pequeños deseos no se quedó de manos cruzadas. Nuestro pueblo, tan propenso a vanagloriarse, descubrió el 26 de septiembre las virtudes de la autoflagelación colectiva. Se resolvió con exceso, pero por lo visto, no sin sinceridad. En verdad, el sentimiento dominante entre nosotros después del naufragio ha sido la vergüenza. Una vez que creemos tocar la cumbre, es duro aceptar que estamos equivocados, como tantos otros, al borde del abismo. Bajo sus grandes aires, nuestra democracia esconde taras de una desoladora banalidad.

El Joola no sólo ha roto la imagen construida por algunos de nuestros éxitos reales. Nos hace lamentarlos, incluso les ha dado un sabor más amargo. Abusando del slogan "Senegal gana", no hemos pensado en el choque al volver. Estábamos, sin saberlo, a punto de realizar otro descubrimiento: batir, con nuestro único barco, el récord del Titanic(*).

Los dos aviones dirigidos a las Torres Gemelas quedaron para siempre emblema del 11 de Septiembre. Nuestro drama sera a su vez asociado a esas piraguas que vimos sobre la isla de Karabane revoloteando alrededor del barco ya peligrosamente escorado para sobrecargarlo todavía más de mercancías y pasajeros. Llueve sobre Karabane, y las imágenes del vídeoaficionado son tanto más sobrecogedoras que borrosas y temblorosas. Estamos, después de todo, casi en el corazón de las tinieblas. Una mujer de azul, calada hasta los huesos, atraviesa un porche que evoca extrañamente una lejana jungla. La joven mujer desapareció enseguida con un relámpago, antes incluso de darnos tiempo a comprender qué hacía allí. Cuando la muerte ronda ya de esa manera, no hay nada que comprender, salvo que el desastre anunciado por los signos será una nueva tragedia africna. Es decir, en definitiva, una colosal catástrofe natural causada por la necedad de los hombres. Ningún discurso podrá hacer olvidar esta evidencia: lo que ha sucedido, Diadié, es debido a la insondable incompetencia de nuestros dirigentes.

Cerca de 1500 muertos, un barco en el fondo del Atlántico con su carga y cientos de cuerpos engullidos, es una carga sagrada para nuestra memoria. Nuestra dignidad es llevarla. Este naufragio es ante todo una lección de humildad. Podemos usarlo bien a condición de que devuelva a nuestro presidente a tierra. Un país no puede quedarse suspendido, como en apnea, a las luces supuestas o reales de un solo ser humano. Eso nos infantiliza y nos expone también a un día ser entregados, atados de pies y manos, a las más nefastas aventuras.

Boubacar Boris Diop, diciembre 2002

(*) En realidad, ni el Titanic ni el Joola tienen el (triste) récord de "catástrofe marítima más mortífera", aunque puede que el Joola sí sea el naufragio no provocado por bombas o similares con más muertes de la historia.


Esta foto NO es del día del naufragio


Es un texto muy duro para con Senegal, los senegaleses y su gobierno sobre todo. Yo no tengo el conocimiento para decir si es acertado o no, pero mucho me temo que este hombre tiene la credibilidad suficiente para ser, por lo menos, tenido en cuenta. El problema es que, por lo que me cuentan algunas personas con las que hablo, aquí lo de la conciencia política del pueblo llano (una apabullantísima malloría muy deprimida) esta muy verde; he oído que barrios enteros vendieron su voto por 8€ en las elecciones pasadas.

Por cierto, el barco que viaja ahora a Casamance funciona MUY BIEN. No creo que vayan a volver a caer en el mismo error, la verdad.

Y como vengo haciendo últimamente, una canción de regalo:



Visto en:
Le Monde Diplomatique
Más referencias:

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