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jueves, 15 de mayo de 2008

El accidentado viaje a Saint Louis

Este fin de semana pasado era el Festival Internacional de Jazz de Saint Louis (de Senegal) y tenía desafiado, desde hacía meses, que no faltaría. Iban varios españoles de Dakar con los que me llevo bien, pero con quien verdaderamente organicé el viaje y fui fue con Macu, que últimamente somos inseparables, y Lino, su novio, que está de visita por aquí desde hace ya un par de semanas.

Macu trabajaba sábado hasta las 16:00h y, para intentar aprovechar el tiempo al máximo, decidimos, en lugar de ir a la gare routière y toda la movida, contratar un coche con chófer, que nos viniera a buscar a las 16:00h (en punto) para salir directos y sin discusiones y llegar a una hora razonable. Esto dicho así suena muy burgués y perfecto, pero that's Africa, my friend, y aquí la pijería no existe, al menos no para nosotros. El coche, como cabía esperar, estaba bastante hecho polvo, aunque eso no nos sorprendió a ninguno, era lo esperado, así son todos. Pero este tenía una circunstancia en la que no nos habíamos fijado: el caucho de las ruedas viejo, como cristalizado. Tuvimos el primer reventón aproximadamente a medio camino. Afortunadamente esa carretera es bastante buena y muy recta, así que no pasó nada, cambió la rueda y listo. Al poco, se paró en una especie de taller en el que infló la que había repuesto y creímos que compraría otra por si acaso, pero no lo hizo, claro, puesto que la rueda "nueva" (recauchutada de vigésima generación) le habría costado un 25% de lo que le pagábamos y quizás no podía permitírselo. A falta de media hora para llegar a Saint Louis tuvimos otro reventón, esta vez no había recambio posible y estábamos en medio de la nada, de noche. Mientras que en el primer caso habíamos estado esperando tranquilamente a que el colega enderezase el entuerto, leyendo y charlando, ahora estábamos algo más preocupados, pues sin rueda el coche no anda, no hay tu tía. El tipo, por supuesto, tampoco tenía saldo en el móvil (aquí se puede cargar, y se carga habitualmente, 1.5€), así que hubo que prestarle el nuestro. Bueno, tampoco pasa nada. La conversación subsiguiente fue en wolof y poco alentadora a juzgar por su expresión. Lo poco que entendí: "¿Allianz? Blablablá. No tengo seguro. Blablablá, blablablá." No sabíamos lo que nos cabía esperar, pero dado que él no parecía feliz al colgar, nosotros tampoco. Hizo varias llamadas más. Al final vino a buscarnos un amigo suyo, en un taxi (al que le funcionaba el cuentaquilómetros!!!), con una rueda de repuesto, pero no esperamos a que la montara, nos fuimos ya con él. Llegamos a Saint Louis a las 23:00, o algo así. Recuento: 200km en 7 horas; no está mal.

Esta es mi cara de circunstancias
mientras el taximan arreglaba la rueda

En Saint Louis nos quedamos en casa de María José, una amiga que nos acogió amablemente, porque no había sitio en los hoteles. La casa muy guay y ella muy maja, lo malo que estaba un poco chunguilla del estómago y no se vino de fiesta.

La marcha en Saint Louis, con el festival de jazz, me gustó muchísimo; el ambiente en los bares era muy del estilo que me gusta a mí en España, por la luz, el tipo de decoración, la disposición del espacio... algo que en Dakar no conozco, y que hecho mucho de menos. Y había gentecilla, pero no demasiada. Además, en todas partes había actuaciones en directo. Lo que sí, si lo piensas, te das cuenta de que sin el festival la ciudad debe de estar muerta muertísima, porque si ni con esas se llenan los garitos de bote en bote... A los conciertos "oficiales" al final no fuimos a ninguno, pero tampoco me quedó pena, me encantó el plan que hicimos.

Por el día, el domingo, que fue el único día que estuvimos entero por allí, estuvimos paseando tranquilamente por la isla, que es la parte antigua de la ciudad. A mí me encantó, y Macu no dejaba de decir lo que le gustaba, se la veía prendada. Las calles son perfectamente ortogonales, y las casas coloniales, pintadas con colores cálidos, y con un aspecto envejecido sin llegar a lo ruinoso de lo más estético. Además, era jornada de puertas abiertas y había casas a las que te permitían entrar para verlas por dentro. Vimos cuatro o cinco. Hay que decir que se trataba de las casas más pijas y no tiene la misma gracia que si vas a una casa de familia de verdad, pero los patios interiores, que desde la calle no se ven, son chulímos.


Una calle cualquiera de la isla

El puente Faidherbe, postal más típica de la ciudad,
supuestamente diseñado por el mismísimo Eiffel.

La comida tampoco tuvo desperdicio. Comimos en un restaurante llamado la Signare, recomendado por la Lonely Planet (sí, a veces hago el guiri). Nos trataron genial y la comida estaba estupenda y abundante. Por primera vez desde que estamos aquí, el aliño de la ensalada llevaba vinagre de vino. Sé que parece una tontería pero es un detalle significativo de la clase del lugar. Y el plato principal fue, para los tres, una parrillada de pescado con langosta: un salmonete, una dorada, un trozo de rape, dos pescados más que no reconocí y una langosta pequeña. Todo eso para cada uno. Y qué rico estaba. Al postre, una copa de helado, también riquísima. Y café. Y nos invitaron a un chupito, creo que también por primera vez en Senegal.

No me digáis que la pinta no es espectacular,
parece una foto de libro de cocina.

El lunes por la mañana cambiamos de aires: nos fuimos a Guet N'Dar, el barrio de pescadores, que está en la Langue de Barbarie. Aquello es otro mundo. Impresiona la cantidad de niños que hay, la vida en la calle, en diametral contraposición con la calma chicha de la isla. En general a la gente le hace gracia que los toubab les hagan fotos, e incluso te lo piden, sin esperar nada a cambio. Bonito, la verdad, no es, pero tiene encanto y vida, y a mí me gustó mucho ir.

Macu y yo paseando por la playa de Guet N'Dar

Lo espectacular de esta visita fue el ataque de los niños. Estábamos paseando a lo largo de la playa, todo idílico, los niños reían a nuestro paso y nos pedían fotos, para las que posaban alegremente, y después les hacía mucha ilusión verlas en la pantalla de la cámara. Para caminar por la arena, llevábamos los tenis en la mano. Entonces pasamos por al lado de un grupo que jugaba al fútbol. De repente todo cambió, como cuando en verano, tras un día de calor, llega la gran nube negra y estalla la tormenta sin previo aviso. Los niños que estaban jugando empezaron a pedirnos los tenis, a gritarnos, a tirarnos por ellos intentando quitárnoslos, nos rodeaban gritando y riendo maléficamente. Los niños más pequeños, que segundos antes habían estado riendo con nosotros, les imitaban llevados por una espercie de locura colectiva. La verdad es que en el momento no me inmuté demasiado, pero lo pienso ahora y me da más miedo. Nosotros salimos de la playa y caminamos hacia las casas, ellos nos siguieron bastante rato, tirándonos puñados de arena y piedras. Menos mal que no había piedras grandes, o que no se volvieron locos del todo, porque la verdad es que la situación fue como para liarse parda. Y la gran prengunta, en la que yo no habría caído si no me lo comentase Lucía al contarle la historia: "¿y no había adultos por allí que impusieran cordura y paz?". Pues, aparentemente, no.



Pasamos sin previo aviso de esto

y esto (por cierto, el chico blanco es Lino, obviamente)

A esto. No se os pase por alto la piedra en la mano
del de más a la derecha

Bueno, la sangre no llegó al río. De hecho no hubo sangre, que nadie se preocupe, si en realidad no pasó nada de nada. Los niños desaparecieron como habían aparecido y continuamos el paseo tranquilamente. Ahora en dirección sur, hacia el cementerio musulmán, atravesando una extensa zona de secaderos de pescado. Nadie nos volvió a molestar y, la verdad es que, en general, y obviando el capítulo de los niños, el ambiente aquí era mucho más tranquilo que en Dakar, donde no puedes dar un paso sin que alguien te interpele, ya sea para pedirte dinero, para intentar casarse contigo, o simplemente para tocar las narices.


Secaderos de pescado

Cementerio musulmán

A la vuelta en la isla, comimos rápidamente y fuimos a recoger las cosas a casa de María José. Habíamos apalabrado otro coche para volver, saliendo a las 16:00h, con intención de llegar a Dakar a las 21:00h a recoger en el aeropuerto a dos amigos de Macu que llegaban. Al poco de salir, el conductor nos dijo que en Louga cambiaríamos de coche y seguiríamos con un amigo suyo. Ya le habíamos pagado la mitad y la regla estándar es no pagar la otra mitad hasta llegar a destino, pero al cambiar de coche pretendía que le pagásemos la mitad de lo que faltaba al nuevo "para poner gasolina". Nos negamos rotundamente, diciéndole la típica de "no te lo tomes a mal, no es nada personal, pero conocemos el percal" (toma rimaaa!!!). Habíamos oído historias de gente a la que, al haber pagado por adelantado, la dejaron tirada a medio camino, y no permitiríamos que nos pasara eso. Macu hizo una actuación digna de Óscar, con amenaza de llanto incluida, en la que hacía como suya una de estas situaciones. El conductor se ablandó y habló con su amigo. Al final accedieron a que pagásemos lo que faltaba al llegar a Dakar. Y menos mal. Al cabo de menos de una hora, notamos que algo pasaba en una rueda; creímos que se trataba de un nuevo reventón, pero al apartarse el coche al arcén nos dimos cuenta en seguida de que era peor. La pista definitiva fue ver la rueda completamente desmontada. Y gracias a Dios que no se había roto el eje, y que no nos habíamos dado la gran torta. Estuvimos muchísmo tiempo allí tirados, rodeados de niños curiosos (y un poco pesaos) hasta que cayó la noche. Por fin, el conductor, ayudado por otra gente, consiguió hacer un arreglo provisional que le permitiría llegar al próximo pueblo, donde podría arreglarlo bien para continuar. En el siguiente pueblo estuvimos parados otras dos horas. Al final, llegamos a Dakar cerca de las 2:00h de la mañana. Le dijimos al conductor que me llevase a mí primero a Plateau y luego a Macu y Lino a Mermoz, y aún tenía más que decir: "Mermoz está antes, Mermoz está antes". Yo ahí me cabreé mucho, me parece que todo el coñazo que venía arrastrando del viaje me vino de vez, y estaba decidida, como no me llevase a Plateau primero, me bajaba en casa de ellos y no le pagábamos (es que es lo que falta, que te manden un coche hecho mierda, que te tengan tirado en el medio de la nada horas y horas, y que todavía el tío haga lo que le dé la gana a él). No se lo llegamos a decir, pero accedió, supongo que nos leyó la cara. Así que llegué a casa a las 2:00h. Recuento: 200km en 10 horas, mejoramos.

Mientras esperábamos el arreglo de la rueda, nos había entrado hambre y habíamos cogido sendos bocadillos en un "restaurante" de la carretera. A los otros les sentó bien, pero a mi no. Dormí mal y me levanté con una diarrea espectacular. Pero mereció la pena.

Saludos a todos y hasta el próximo.

8 comentarios:

geminisdespechada dijo...

jaja la pobre anfitriona ha visto la foto? anda que... mala!! :P

Pepa dijo...

Jajaja!! Tienes razón, gracias por hacerme reflexionar :-) Es que era la única que tenía, y me molaba ponerla, pero mejor la quito, no?

WickedGrin dijo...

Que envidia! Por el festival Jazz de Saint Louis, y también por todo lo demás que hace tan Senegales aunque tiene que haber sido una verdadera pesadilla :) Saludos a Macu, que parece haber abandonado su blog, y a Lino si sigue allí. Un abrazo Pepa

Pepa dijo...

Ei, Wicked! Macu no es que haya abandonado el blog, es que ha tenido dificultades técnicas, ya te contará ella supongo :-) Y de Lino me acabo de despedir, se iba esta noche. A Macu tus saludos serán dados. Un abrazo!!

geminisdespechada dijo...

hombre, si a ella no le importa no hace falta que la quites, jeje

rubitins dijo...

Ay Pepa, que tuve visita estos días y no pude actualizarme en tu blog... Qué grande vuestra historia, y qué bien contada! Lo ameno que se hace leerla.
Te imagino perfectamente en esas situaciones límite (niños atacando + chófer pretendiendo hacer lo que le da la gana = Pepa dando mucho miedo).
Besiños.
Rubén.

ernesto51 dijo...

Aunque suelo visitar tu blog nunca te había comentado nada. He disfrutado con la forma de contar la historia, hasta en losmomentos más problemáticos. Desprendes vitalidad y buen hmor entre otras cosas. Gracias por compartirla con nosotros.

Un saludo enorme

Anónimo dijo...

Hola Pepaaaaaaa. Soy Tuko. He entrado a tu Blog, y me han dado ganas de salir con los hoax, los ubuntu y los no se queses de los viruses, pero luego, he visto tu comentario del viaje a Saint Louis. Jo, que envidiaca!!. Que buenas fotos del secadero de pescado y de otras. Bueno, no me enrollo más...

Que muchos besos y muchas gracias por el tiempo que nos has dedicado. Eres genial.

que te vaya todo de PM. no vemos pronto. "insalá", con tomate y zanahoria...o como se diga, pero tu me entiende no???. jejeje

engaaaaa besos